Cafés de la paz

Por | 25 noviembre, 2016 | 0 comentarios

Decía Buñuel que el café es charla y el bar un ejercicio de soledad. Parece que hoy ha cambiado radicalmente el concepto ya, que al menos en España, es raro acudir a un bar para beber solo en la barra. En un café, no obstante, no es tan rato. Y uno puede disfrutar de una consumición parapetado tras un periódico sin que esa soledad resulte llamativa. Vivan los cafés, pues. Para estar solo, para leer, para ver la vida pasar, para pensar. Ese café de la paz que cantaba Battiato.

Como el Ajenjo Café, un espacio muy recomendable para guarecerse del otoño lluvioso y, sobre todo, del ruido. Su silencio se agradece como agua de mayo, sobre todo en los días prenavideños de histeria comercial y callejera. Te encantarán sus sofás de salón de hace cien años, sus veladores de mármol y sus estancias con aspecto de compartimento de tren antiguo. Amplia carta de cafés en el que destaca el asiático, ideal para acompañar con su famosa tarta de zanahoria. En la calle Galería de Robles, 4 muy cercano, casi pegado, a otro café cargado de encanto, como es el Café de Ruiz (en calle de Ruiz 11). Gran opción para disfrutar de sus batidos, pero también para una copa en un ambiente relajado y de resabios literarios. Estupendos combinados en copa de balón y ahora, además, también cerveza artesanal.

Y sin andar apenas, nos encontramos con el bar Varsovia, que en realidad es, o era, café (el antiguo Parnasillo). Su atmósfera de café vienés no se ha perdido y hasta se le ha lavado la cara, pero el nuevo concepto pasa más por el picoteo que por el de café de novelón y tertulia de café con leche. La música a un nivel algo alto así lo motiva, por otra parte. Único detalle negativo para un local que merece la pena. En calle San Andrés, 33.

Otro café para pensar y disfrutar que bien merece una visita es el renovado Café Barbieri, ya en Lavapiés. Tras una etapa algo languideciente, la nueva dirección le ha insuflado un nuevo brío que se traduce en una programación con conciertos y recitales y una carta de ‘sólidos’ que se agradece.  Y no con cualquier cosa, sino con delicias como esta: Crema de hongos con virutas de foie y huevos pochados, por unos 6,5 euros bien simpáticos.

El tiempo detenido

Categorías: Madrid Gastronomía

Deja un comentario

Su dirección de e-mail no será publicada. Los campos obligatorios se indican con*

*