El lujo como política: Carlos III

Por | 12 diciembre, 2016 | 0 comentarios

Al rey Carlos III, cuyo estatua preside la Puerta del Sol, se le conocía como el alcalde de Madrid, tal fue su compromiso con la mejora de la ciudad en pleno siglo XVIII. Mantuvo un perfil de rey ilustrado, mecenas de las artes, y fue un puente entre la política y la cultura durante la Edad Moderna. Su compromiso con el mecenazgo resultó clave para concitar en Madrid a artistas de la talla de Giambattista Tiepolo, Mengs o un incipiente Francisco de Goya.

Pero para conocer en profundidad la personalidad de este Borbón, lo mejor es acercarse hasta el Palacio Real para ver la exposición ‘Carlos III. Majestad y ornato – En los escenarios del rey ilustrado’, que se puede admirar desde el 6 de diciembre hasta el próximo 31 de marzo. La muestra ofrece las obras de arte que formaban el paisaje cotidiano del rey y su familia, creando un entorno de lujo y suntuosidad y toda una declaración del poder que la familia real ostentaba. Una serie de obras con una función ornamental, creadas ex profeso para mostrar la magnificencia borbónica, que según los organizadores de la muestra constituye «uno de los tesoros culturales más deslumbrantes de nuestra Historia Moderna».

Por esa razón, desde Patrimonio Nacional se ha organizado esta exposición con el objetivo de proponer una nueva lectura de esta riqueza artística que tiene valor en sí misma, pero también el de acercarnos a la vida del rey Carlos III y su corte desde el ángulo del arte.

La exposición se divide en diversas secciones, entre las que llama la atención la dedicada al Real Dormitorio de Carlos III, escenario de las reuniones familiares más distendidas, así como para las entrevistas con el ‘sumiller de corps’, jefe del real servicio que mantenía al menos dos encuentros diarios con el monarca.

Compre aquí su entrada, con una tarifa básica de 11 euros, y planifique su visita, en horario de 10 a 18h.

Rey majestuoso

Categorías: Madrid antiguo, Madrid Cultura

Cafés de la paz

Por | 25 noviembre, 2016 | 0 comentarios

Decía Buñuel que el café es charla y el bar un ejercicio de soledad. Parece que hoy ha cambiado radicalmente el concepto ya, que al menos en España, es raro acudir a un bar para beber solo en la barra. En un café, no obstante, no es tan rato. Y uno puede disfrutar de una consumición parapetado tras un periódico sin que esa soledad resulte llamativa. Vivan los cafés, pues. Para estar solo, para leer, para ver la vida pasar, para pensar. Ese café de la paz que cantaba Battiato.

Como el Ajenjo Café, un espacio muy recomendable para guarecerse del otoño lluvioso y, sobre todo, del ruido. Su silencio se agradece como agua de mayo, sobre todo en los días prenavideños de histeria comercial y callejera. Te encantarán sus sofás de salón de hace cien años, sus veladores de mármol y sus estancias con aspecto de compartimento de tren antiguo. Amplia carta de cafés en el que destaca el asiático, ideal para acompañar con su famosa tarta de zanahoria. En la calle Galería de Robles, 4 muy cercano, casi pegado, a otro café cargado de encanto, como es el Café de Ruiz (en calle de Ruiz 11). Gran opción para disfrutar de sus batidos, pero también para una copa en un ambiente relajado y de resabios literarios. Estupendos combinados en copa de balón y ahora, además, también cerveza artesanal.

Y sin andar apenas, nos encontramos con el bar Varsovia, que en realidad es, o era, café (el antiguo Parnasillo). Su atmósfera de café vienés no se ha perdido y hasta se le ha lavado la cara, pero el nuevo concepto pasa más por el picoteo que por el de café de novelón y tertulia de café con leche. La música a un nivel algo alto así lo motiva, por otra parte. Único detalle negativo para un local que merece la pena. En calle San Andrés, 33.

Otro café para pensar y disfrutar que bien merece una visita es el renovado Café Barbieri, ya en Lavapiés. Tras una etapa algo languideciente, la nueva dirección le ha insuflado un nuevo brío que se traduce en una programación con conciertos y recitales y una carta de ‘sólidos’ que se agradece.  Y no con cualquier cosa, sino con delicias como esta: Crema de hongos con virutas de foie y huevos pochados, por unos 6,5 euros bien simpáticos.

El tiempo detenido

Categorías: Madrid Gastronomía

Antonio Palacios, arquitecto de la ciudad

Por | 15 noviembre, 2016 | 0 comentarios

Si Barcelona tuvo a su Gaudí, en Madrid tenemos a Antonio Palacios, un arquitecto menos exótico pero que supo imprimir también un carácter propio a la capital de España gracias a sus elegantes proyectos. Aprovecha la oportunidad que te brinda la Comunidad de Madrid con la organización de visitas guiadas a su legado.  Consulta esta página para reservar tu cita. Son gratuitas.

De junio a diciembre, se han desarrollado una serie de actividades que permitirán conocer mejor la obra de este arquitecto de origen gallego, creador, entre otras cosas, del emblemático rombo que vemos en todas las estaciones de metro. De él se dijo que es uno de los responsables de mudar ese aspecto de ‘pueblón manchego’, que decían los noventayochistas, a una metrópoli de hechuras neoyorquinas.

Este 2016 se cumplen cien años de la construcción del fastuoso Hospital de Jornaleros, situado en la calle Maudes, lo que ha motivado esta serie de homenajes, necesarios por otra parte. Dicho edificio, hoy sede de la Consejería de Transporte, sintetiza como ninguno la maestría de Palacios pero apenas es conocido por los madrileños. Pese a su magnificencia, se trata de su segunda obra, aunque con ella ya se consolidó como arquitecto. Venía de realizar otro proyecto de ambición aún mayor, como el Palacio de Comunicaciones, cuya concesión logró tras un concurso público.

Palacios combina el estilo de la época, grandilocuente, imponente, influido por la Escuela de Chicago (de donde surge la fiebre de los rascacielos), pero también se mantiene fiel a la corriente regionalista propia de la España de su tiempo. Ahí está el espléndido edificio del Círculo de Bellas Artes, que supuso, con su levantamiento en 1926, el momento álgido de su carrera.

Pasada la guerra, su carrera vivió un cierto languidecimiento. Él mismo pareció alejarse de sus propias formas, muriendo en una casa humilde diseñada por él mismo, donde pasaba largos períodos en un diminuto estudio: ‘el cuarto de no estar’.

Un personaje sin duda interesante, cuya personalidad también podemos adivinar a través de sus inmortales obras.

Estilo inconfundible

Categorías: Madrid antiguo, Madrid Cultura

Broodthaers, un artista tardío y único

Por | 27 octubre, 2016 | 0 comentarios

Las hemerotecas digitales nos conducen a una primera exposición de Marcel Broodthaers , que se celebró en la primavera de 1992. Fue hace 24 años, y se cumplían 16 de la muerte de este artista nacido en Bruselas en 1976. Poeta, cineasta y artista de tendencias surrealistas, abrazó el mundo del arte a una edad considerable, los 40 años, a partir de la feliz idea de reunir los poemas que habían pasado sin pena ni gloria en su círculo artístico y pegarlos a un bloque de yeso, al que añadió pelotas viejas y diversos residuos. Algo nuevo nacía y este hombre abocado a la renuncia a su vocación se levantaba de nuevo para consagrarse años más tarde como creador.

La exposición que nos ocupa ahora se puede ver del 5 de octubre al 9 de enero, en la planta primera del Edificio Sabatini, en el Reina Sofía. Se trata de una retrospectiva organizada conjuntamente con el MoMA de Nueva York, y se plantea como un homenaje hacia un artista cuya producción, en los años sesenta y setenta, influyó notablemente en muchos creadores de su tiempo. Está considerado un creador único, con «un planteamiento radical de los enfoques tradicionales de la poesía, el cine, los libros o la propia exposición», según leemos en el programa de la exposición, que ofrece hasta 300 obras representativas de su quehacer artístico. Un punto de vista personalísimo sobre el arte conceptual y las expresiones del mundo pop, así como una mirada crítica hacia las instituciones forman parte de su trayectoria creativa. Con mentalidad de poeta, su inmersión en el mundo del arte plástico y formal no le apartó de ese canal expresivo. «Mi objeto es apartarme de una poesía literaria para dirigirme hacia una poesía del objeto», dijo en una ocasión. Podríamos decir, por tanto, que Broodthaers creaba versos con objetos, materiales, en busca, como hace la palabra escrita, de proponer nuevos y sugerentes conceptos en la mente del lector, en este caso espectador.

Vuelta de tuerca al arte

Categorías: Madrid Cultura

Cocina murciana, qué hermosa eres

Por | 7 octubre, 2016 | 0 comentarios

No tan conocida como la cocina catalana o la valenciana, la gastronomía murciana merece un discreto lugar de honor en ese festival de las cocinas regionales que es Madrid. El restaurante El Caldero es un buen representante de esta cocina que pivota sobre dos elementos nucleares: la huerta y el mar.

Fundado en 1973, El Caldero presume de dedicarse a la cocina con dedicación y lentitud, con productos traídos de los mercados de Murcia y Cabo de Palos. Pescados, mariscos, carnes y hortalizas de temporada para conseguir traer a Murcia a la capital. Situado en pleno barrio de las Letras, en la calle de las Huertas 15, es famoso su arroz a banda, con el alioli típico que le da un sabor tan característico. Y, cómo no, el arroz caldero, hecho a base de pescados, langostinos, ñoras y ajos en cuyo caldo se cuece el arroz, para luego retirar a parte todos esos elementos. Un arroz limpio y elegante, de intenso sabor a mar. Buena relación calidad precio en una ubicación inmejorable para sentir las esencias del mediterráneo en pleno Madrid. Buena relación calidad precio.

Como en El Ventorrillo Murciano, un pequeñito local especializado en arroces,  muy auténtico y sin pretensiones. Ofrecen entrantes típicos como el zarangollo (sofrito de cebolla, patata y calabacín) y michirones (habas con chorizo), mojama, quesos. Los arroces, variados, siendo el de conejo y caracoles el más famoso, aunque el de verduras tiene fama de «espectacular», en una cuenta que sale a unos 25 euros por persona. Un lugar conocido por los amantes del arroz, que saben que tienen que reservar ya que las apenas 20 plazas que tiene suelen estar muy codiciadas.

Situado en la zona conocida como Lavapiés Alto, cerca de Antón Martín (calle de los Tres Peces, 20), es un buen lugar para cenar un fin de semana, y tomar una copa después en el renovado Café Barbieri, que ha recuperado toda su solera y donde organizan conciertos, recitales y otras actividades para culminar una noche de ocio.

Arroz

Categorías: Madrid Gastronomía

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