Las campanadas y las uvas

Por | 27 diciembre, 2018 | 0 comentarios

¿Qué hay más nuestro que comerse las uvas mirando fijamente el reloj de la Puerta del Sol? Poca cosa. Liarse con los cuartos, mandar callar a nuestros familiares y concentrarnos en los doce deseos que se van a pedir, es todo uno.

Amanece el 31 y, aunque sea un día de trabajo, sabe distinto porque uno se despide diciendo alegremente: ¡Hasta el año que viene!

Pero, ¿de dónde viene esta tradición? Como todo lo que tiene que ver con comida – como la tomatina y otras fiestas – su origen viene de un excedente de uva blanca que se dio en el Levante, fundamentalmente en Alicante, en el año en 1909.CAMPANADAS

Sin embargo, ya en el siglo XVIII  existía entre los burgueses españoles, la costumbre de tomar uvas y brindar con champán para saludar al año nuevo, imitando, a su vez, a los franceses.

Dice la historia popular que, siguiendo esta costumbre, un grupo de gente decidió reunirse delante del reloj de la Puerta de Sol para caricaturizar a la clase alta y, a partir de ahí, comenzó la tradición que conocemos – y celebramos – todos hoy.

Tanta es la ceremonia que, incluso, se hace un ensayo general delante de la Puerta del Sol, normalmente el día 30 a las 12 de la mañana.

Y así es como cada año, en casa o delante de la Puerta del Sol, se despide el año viejo y se saluda el nuevo con alegría y, en muchos casos, con supersticiones, como colocarse la ropa interior roja, apoyar primero el pie derecho o brindar con oro en la copa.

Y, en cuanto termina el brindis, casi, automáticamente, aparecen los nuevos (y a veces no tan nuevos) propósitos. Los favoritos suelen ser: apuntarse al gimnasio, dejar de fumar o aprender inglés, porque se cuentan con 365 días para poder hacerlo.

(Foto de EFE / ABC, Fin de año 2015)

Categorías: Madrid Noche

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